De la Garrapata en la Webs
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Por: Nikolás Friedman
Mientras las izquierdas, la Socialdemocracia neoliberal y filo izquierdista se recrean en los medios de desinformación de la oligarquía fascista debatiendo las mentiras, manipulaciones, robos, asesinatos, o el color que usan de sus oponentes cada vez que salen en los medios fascistas; Trump, Rubio, Milei, Kast, Paz, Fujimori, Espriella, Noboa, y un largo etcétera., vemos a los fascistas que han comprendido lo fundamental: el poder empieza con las palabras, en la desinformación, la manipulación hasta llegar a las urnas para ejercer el terror y su proyecto político esclavista. Esto lo explica claramente Slavoj Žižek con su estilo vehemente y claro: “Hoy la derecha ha aprendido a usar las consignas de la izquierda para su propio proyecto reaccionario”. Ya no necesitan ir a las poblaciones pobres o disfrazarse para la ocasión, no esconden su condición de empresarios, pero sin corbata.
Ahora se disfrazan de contestatarios, rebeldes, en algunos casos de antisistema, de pueblos indignados por las injusticias, se encubren de humanistas, de seres humanos que sienten dolor al ver la miseria, la pobreza, etc. Pero debajo de ese eufemismo siguen deseando lo mismo: dinero mal habido, destruir a sangre o leyes, arrasar los derechos sociales y políticos, atacando a los seres humanos migrantes, que vienen de países destruidos por el fascismo, para defender sus privilegios de clase, crear leyes para la impunidad de clase y naturalizar el miedo como forma de gobierno, cuando es puro terror.
Es una suerte de compendio que han usado desde la década de los 60s, es de manual, hoy Trump se funda como invencible el héroe de la clase obrera y la libertad mundial, un ser todopoderoso, pero bajó los impuestos a los multimillonarios y destrozó los sindicatos, empobreciendo a la clase obrera y de paso destruyendo las capas medias (la clase media no existe solo es un fetiche más de la oligarquía) y comenzó una guerra contra los pueblos dignos. Sus esbirros como Milei dicen luchar contra la “casta” mientras enajena, vende y privatiza lo público a manos de especuladores de élite, sionistas multimillonarios.
A la par sus comisionados se enriquecen de la peor forma mal habida, estos no están contra la casta, la burguesía, las fracciones de la oligarquía, solo quieren un pedazo del pastel y estar en la mesa del todopoderoso. Si algo caracteriza a estos sofistas de hoy, es la utilización del lenguaje popular, esa es la estrategia maestra (son ricos pero hablan como los pueblos). Vociferan de libertad, pero hacen leyes coercitivas, represivas, a la par imponen por la fuerza de la palabra Estados policiales y represivos (terrorismo de Estado legalizado por el voto popular).
Manipulan hasta el asco la expresión “justicia social” para justificar proscripciones. Dictan cátedras de la defensa de la “familia”, pero destruyen los derechos de las minorías LGTBI. Vociferan “feminismo” para justificar golpizas, torturas, violaciones, y el garrote, gritan en defensa de la institucionalidad y el Estado de derecho, para atacar a migrantes, a revolucionarios, (los zurdos de mierda), las organizaciones territoriales, cerrando medios alternativos y populares. La palabra, el lenguaje popular que viene del fascismo se convierte en pus, en una masa nauseabunda, corrupta y pestilente, con mucho contenido de clase rica, pero sin memoria histórica, y lo que es esencial sin humanismo, solo es un sonido controlador hegemónico. Es más es odio de clase, solo te está demostrando que el fascismo te robó el alma.
Mientras la izquierda, nuestra izquierda revolucionaria pierde día a día la lucha en la batalla de ideas, vamos quedando reducidos a meras expresiones socioculturales, y en muchos de los casos colgados de la socialdemocracia filo izquierdista. Lo trágico no es que el fascismo se apropie o robe el lenguaje, lo que es peor la izquierda y nuestra izquierda ha renunciado a defenderlo. Nuestras palabras, nuestras consignas históricas de lucha “justicia social”, “revolución”, “democracia”, “comunidad” o “tierra para quien la trabaje”, “sueldos dignos”, la ``revolución``. Han quedado como la máquina de hilar, desechada, abandonada, ha sido dejada a su suerte, y donde existe abandono, alguien la usa, lamentablemente termina siendo usada y manipulada por el enemigo de clase, el Fascismo.
Žižek nuevamente lo dice con claridad: “la izquierda está fascinada con las formas y ha olvidado la sustancia”. Es decir, No basta con tájar e reinventar los adjetivos, ni mezclar los lemas, o quitarle contenido político a las consignas para no asustar a las masas. La pega de hoy es disputar los espacios de poder desde los territorios, develar el relato contra hegemónico (del fascismo) y hegemónico (el proyecto revolucionario, el nuestro) con claridad, con rigor, con sentido y memoria histórica. Porque si no lo hacemos, serán ellos quienes definan lo que significa “libertad”, “pueblo”, o lo que es peor lo “revolucionario”. Recordemos en la década de los 90s, con la caída de los países mal llamados socialistas, los fascistas con la “palabra” transformaron en reaccionario lo revolucionario.
En el libro, El cielo en desorden de Žižek este plasma un orbe donde el capitalismo muta en tecno feudalismo y los populismos fascistas se hacen pasar por alternativas para los pueblos. El resultado es un “fascismo colado” que no necesita represión directa porque ha vencido en la batalla de las ideas, esa batalla del sentido común que la izquierda ha dejado abandonada a su suerte. Los pueblos no votan contra sus intereses porque sean ignorantes, desclasados o simples trepadores sociales que reniegan de su condición de clase. Lo hacen porque los han adiestrado por décadas, como animales a nombrar las injusticias con palabras que no combaten, sino que se vinculan, es decir, es el rico quien tiene los millones (pero gracias a la explotación laboral, la corrupción y las injusticias sociales), ¿la izquierda?, en palabras del fascismo son; unos muertos de hambre, estos quieren llevarnos a un gobierno de miseria.
Cada vez que los medios masivos de desinformación se refieren a países, gobiernos de izquierda o progresistas los tachan de narcotraficantes, de gobiernos de hambre y miseria, que solo se enriquecen sus cercanos, que son corruptos, etc, etc, etc. El fascismo a pesar de su oscuridad, su naturaleza guerrerista, violenta, destructora cultural, idiosincrasias, por cierto de países y continentes no ha inventado nada. Solo comprendieron que ganar el poder cultural a través de las palabras y los medios masivos de desinformación es más eficaz para ganar elecciones antes que un Pinochet.
Desde que el nacionalismo burgués que dio vida al fascismo se apoderó de la palabra patria, patriótico, que es la defensa de la nación cuando nos pertenece a todos, ellos hacen todo lo contrario, pero con la palabra antes las masas son patriotas, todo lo demás es desvarío. A la par de todo esto, las izquierdas, nuestra izquierda continúan escribiendo panfletos, artículos, eslogan, consignas altisonantes, llamando a la toma del poder, solo para convencerse a sí mismas (lo autorreferencial al grupo) de que van por el camino correcto, que siguen teniendo la razón, aunque las masas nos han abandonado, no tenemos público para nuevas escenas. Si permitimos que quienes abominan de igualdad, de justicia social (porque es comunismo) o hablen en nombre de las izquierdas, nuestra izquierda, y lo que es peor en nombre del pueblo, si es así nos han ganado, hemos perdido la batalla de ideas.
No por los votos, sino por las palabras, propias de timadores. Y ojo, el silencio dejará de ser una alegoría, será nuestra tumba. Globalización o Mundialización de las economías ¿Qué significa realmente Globalización? que viene del fascismo, es la anulación de los Estados nacionales, un concepto distorsionado, mal entendido inclusive por la izquierda y nuestra izquierda. Y no significa nada más que pérdida de soberanía nacional, democracias tuteladas, manipuladas, y ultrajadas, corrompidas hasta su esencia social con gobernanzas déspotas, mezcladas con el narcotráfico y el fascismo, desatando guerras asimétricas contra los pueblos y gobiernos dignos, esto ha permitido el surgimiento de una nueva fracción de la oligarquía.
Sin duda razonable este proceso que impulsó el imperialismo, luego de dar por muerta la historia, es decir, la palabra de la izquierda y nuestra izquierda, dio a luz un nuevo orden mundial imperial, todopoderoso y omnipotente. La globalización es el la quimera que usa el fascismo para apropiarse de los recursos naturales de los pueblos y la democracia, esto queda demostrado desde la Ciencias Políticas, la sistematización científico-histórica, la dialéctica en sus aspectos filosóficos e históricos, como las relaciones Internacionales, deliberan acerca del impacto de la globalización con la consiguiente anulación de los Estados Nacionales. En consecuencia en los asuntos internos de los países, su independencia política, en las relaciones internacionales entre pueblos.
Se discute hasta dónde el fenómeno globalizador se relaciona con el imperialismo fascista, es decir, las mutaciones que ha ejercido el imperialismo estadounidense a través de integraciones forzadas en plano político, económico, cultural, social, y militar sobre todos los países del mundo. Impulsando leyes, decretos, aranceles, agresiones, etc., un sin fin de formas que le ha permitido décadas de dominación y control geopolítico así como de las relaciones internacionales por cerca de 5 décadas, el imperialismo salvaje y depredador ha establecido la muerte del entendimiento político entre pueblos y naciones, es decir, el multilateralismo. Con esto el imperialismo estadounidense fascista ha estableciendo un camino diferente, respecto al sistema internacional que se grabó con la caída de los mal llamados Países Socialistas.
Ya no eran dos bloques de poder coexistiendo, es decir, del mundo bipolar pasamos al unipolar. Si analizamos en términos de clase la relación entre globalización-imperialismo y fascismo se develan los paralelismos que nos permiten descifrar el enigma de la mal llamada globalización y sacar a la luz las verdaderas intenciones de clase del imperialismo y su significado epistemológico respecto a un mundo anglosajón, pero fascista y sionista, es decir, mundo anglófono o un “mundo nuevo”, pero que está en constante disputa entre capitalismo y miseria, entre economía y dependencia, seguridad y perdidas de derechos, migración y trata de migrantes, corrupción y delincuencia, medios de desinformación y manipulación ciudadana, narco-fascismo y democracia.
Se valoran las nuevas identidades que estas conexiones tienen en el contexto globalizador. Se indaga cómo la globalización afecta en el siglo XXI los aspectos fundacionales del nuevo orden mundial, como la soberanía, la frontera, la guerra y las migraciones, así como el proceso de declive de Estados Unidos versus la preeminencia de otros actores mundiales. Resulta soberbio analizar la manera en que el curso natural e ineludible de la globalización le permitió al imperialismo estadounidense trastornar las formas, los contenidos, las relaciones entre Estados y el discurso. Por cierto las relaciones entre los actores que son protagonistas del orden internacional. Desde la perspectiva política, económica, militar, social y cultural que ha ido destruyendo el multilateralismo o las relaciones y respeto entre pueblos
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