De la Garrapata en la Webs
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Por: Nikolás Friedman
Expuesto esto, segunda parte
Es bastante
escalofriante, sí. Jefferson sostenía que la formación de una aristocracia
natural – que debía sustituir a la aristocracia con linaje que venía de Europa
– dependía de saber elegir a la mujer correcta (Nancy Isenberg)
Para vislumbrar el fascismo, sus expresiones, sus formas,
primero hay que entender que es una quimera, un desvarío, una falla en la
humanidad que camina por el lado del psicoanálisis que ni la historia, ni las
ideas o las concepciones políticas son suficientes para comprenderlo.
Hay que tener presente siempre sus representaciones, sus prácticas, su constante reinvención y su capacidad para canalizar los sentimientos de las capas populares menos ventajosas en términos integrales. Hay que deducir que en todas las sociedades humanas existe un imaginario-colectivo falso, muchos seres humanos, ciudadanos, y pueblos han encontrado en el fascismo un cobijo. Viéndolo como un acto-reflejo, frente al arquetipo social vertical, un máser óptico, una válvula de escape exaltando la “grandeza pasada” o lo que puedes alcanzar que emerge del oscurantismo oral, pseudohistoria, pseudocientífico solo es alegoría y falacia verbal.
Slavoj Žižek no solo critica el fascismo en sí, sino también en las formas en que se manifiesta y se disfraza en la sociedad contemporánea, lo ve como un síntoma de problemas más profundos en la sociedad, como la alienación, la falta de sentido humano, por cierto, la búsqueda incesante de culpar al otro, al diferente, el chivo expiatorio. Sin duda el fascismo surge en contextos de crisis económica y social, donde la lucha de clases es distorsionada, y ese descontento se dirige claramente al reclutamiento de grupos sociales minoritarios, como diferentes en las capas medias empobrecidas.
Žižek profundiza en la necesidad de un ataque constante,
fuerte y claro a las estructuras que son el sostén del poder de la ideología
que respalda al fascismo, a la cual no debe verse de forma superficial, por el
contrario este ataque debe ser lento, pero firme porque en esa lucha, en ese
ataque está la educación de las masas, por eso esa arremetida debe ser
didáctica, formativa, organizativo y por cierto revolucionario como herramienta
de formación política de clase para terminar con el fascismo.
Esto solo se logra atacando al fascismo, en términos de
clase. Paralelamente, se debe esclarecer y profundizar las causas profundas del
fascismo como fenómeno sociológico y antropológico y psicosocial en la
sociedad, sobre las masas. En resumen la lucha antifascista no solo debe darse
en el plano de las ideas, en las elecciones de todos los espacios electivos, democráticos,
en los sindicatos, en los medios masivos, las redes sociales, en las
organizaciones de los territorios, en los jóvenes, en la calle, etc., sino
también en las familias, en las iglesias, en la sexualidad, la batalla contra
el fascismo está en las ideas, en los principios.
Pero esta batalla debe darse esencialmente en la cultura, en
el diario vivir. El fascismo desde una perspectiva psicosocial, enajenante que
privilegia los aspectos culturales y antropológicos de los sin causas, sin
clase, los alienados por la economía y la sociedad que encuentran en su seno, un espacio de convergencia, encuentran su tiempo, su lucha, por ende su forma de
gobierno, un régimen autocrático de facto, de los sin voz.
Los que no encajan ni en ideologías e instituciones, son
permeables por la historiografía tradicional del nazi-fascismo, completamente
orientada a hacia una dimensión política enajenante, eres parte de un proyecto,
pero a la vez eres una paria, eres un pilar fundamental de los regímenes
fascista de facto, pero a la vez no eres nada, socialmente escribiendo.
El rasgo sobresaliente de esta desviación propia de las
concepciones anticientíficas del nacionalismo, tiene respuestas antropológicas
y sociológicas, que vemos en la historia de la humanidad como desviaciones
mesiánicas y religiosas hasta tocar los pensamientos políticos, como es la
pseudo-ideología völk la cual en su esencia misma es el rechazo a toda forma de
desarrollo integral humano por eso su tenaz rechazo a la Ilustración.
El nazismo-fascista se reinventa una y otra vez, su
interpretación se presenta siempre como una versión nueva, pero nazi-fascismo,
neo nazi-fascismo, y nazi-fascismo renovado al fin del día es, fascismo. Pero
es la misma canción de guerra de los desalmados los sin voz, orientada hacia la
antropometría y la cultura como forma de exaltación a lo divino, a lo superior,
la busca de una figura equivalente a “dios”, que tampoco existe, solo es
herramienta de confusión, más que a la búsqueda de la política como tal.
En diferentes momentos de la historia alemana, el concepto
de «Völk» ha sido utilizado para justificar tanto movimientos nacionalistas
como políticas de exclusión, ignominias negativas, socioculturales y políticas.
Los nazis usaron fuertemente este término en pleno siglo XX, una expresión, que
más parecía una demarcación con alambrada de púas incluida, en todos los
términos del diario vivir. Que fue utilizado por el régimen de facto, nazi para
promover una ideología racista y excluyente.
Esto implica un fallo científico en el seno del humanismo,
es una conclusión opuesta, tergiversada de la realidad humana, propio del
nacionalismo y la visión völk no estaría ajeno a esta desgracia humana que
vimos desde las primeras sociedades humanoides, protohumanas, las sociedades
sumerios, las sociedades o (religiones abrahámica), el Islam, judía,
judío-cristina, cristiana-protestante y evangélicas. Donde un grupo de
mesiánicos arrastran a individuos y pueblos a una suerte de coma-social cuya
esencia se centra en la creencia que son seres “iguales”, es él quiebre de lo
cultural como desarrollo mismo de los pueblos y la humanidad.
No entendiendo estos sujetos que están siendo usados tiranizando un discurso de rechazo a lo foráneo, al inmigrante o migrante, al que piensa diferente. Esto sin duda, para los nacionalismos es el surgimiento de un pueblo propio, único, universal definido por una ascendencia de clanes, religión, raza y cultura e idiomas comunes. El deseo enfermizo, vertical de una población uniforme, mediante la exclusión de lo extranjero, es decir, al fascismo.
Lo que significa que los pueblos se convierten en sujetos
sociales individuales, selectivos, pero colectivos en sí mismo, constituyéndose
como valor jerarquizado unilineal, a las ves alienadas a otros pueblos que de
una y otra forma fue la forma DONDE la humanidad, las sociedades humanas se
dieron un orden y respeto.
Para los fascistas-nazis, los que no son parte del völk, son
intrusos, son enemigos a ellos, por eso la necesidad antropológica por parte de
los nazis del uso del término Völk, para diferenciarse del resto. El cual es
usado cuando se refiere para calificar “multitud” o “masa de la población” (en
siglo XVIII), mientras que el concepto de “pueblo” se expresaba y se enuncian
en estos días con el latinismo “nación”. El uso de “nación” en este sentido fue
reemplazado por «völk» después de 1800, explícitamente en el contexto del
nacionalismo alemán emergente.
Lo que implicó una nueva definición o axioma latinista, “un
pueblo, un reino, un líder”. Lo que más tarde Hitler y sus acólitos definirían
como el lema de la Alemania nazi. A partir de los años setenta, las derechas
empezaron a explorar, con el beneplácito de la “autoridad”, la escuela de
Frankfurt, la dialéctica negativa, no en el plano estrictamente filósofo, sino
desde el punto de vista de la historia de la cultura.
A medida que el nacionalismo se derrumbaba o se integraba
con las concepciones burguesas, los anticientíficos como antidiálectico
derechistas, quienes se niegan el diálogo, (odian la diferencia, lo opuesto) veían y
siguen viendo en la formación e intercambio cultural, social y político humano,
en la educación, en él auto perfeccionamiento forjado como valores universales
que vienen de la Ilustración, como valores propios del avance de las sociedades
humanas como hostiles.
Pero para los antidiálectico esto los dejaba en un segundo
plano o al campo de los outsiders (fuera de), es decir, alguien que está fuera
de un grupo, organización, partido, raza, religión, y sistema social, esto es
considerado directa y abiertamente como un enemigo, un extraño del «völk», es
así como empiezan a surgir las formas del fascismo. Ahí el odio que profesan la
extrema derecha o fascistas a la corriente sociocultural «woke», que basa su
pensamiento en la conciencia sobre las injusticias sociales y la
discriminación, especialmente en temas de raza, género y orientación sexual.
Su origen viene de las comunidades afroamericanas, para
referirse a la conciencia sobre la discriminación racial. Con su desarrollo y
el paso del tiempo, al llegar a otros espacios de lucha se extendió a otras
áreas de la lucha por la justicia social y la desigualdad, dando a luz a
fuertes movimientos sociales.
Acá dos ejemplos del razonamiento fascista, en el plano
político, se refiere a candidatos o figuras políticas que no provienen de los
partidos tradicionales y se presentan como una alternativa para seguir
manteniendo el orden establecido o la hegemonía de clase a través del
establishment político, la elite, el «völk». En lo sociocultural son personas
que no se identifican como pares, iguales si nos basamos en las condiciones
humanas desde su inicio. Ya que la especie humana no fue solo una vara, fue un
árbol genealógico que fue desarrollándose y mutando con el ir y venir de los
siglos, milenios, y eones, tiempos geológicos o cosmológicos.
Unos avanzaron otros desaparecieron biológicamente, por
enfermedades, hambre, climas peligrosos e inhóspitos dificultaron o
incluso imposibilitaron la vida humana y la supervivencia, apartarse
antropológicamente del resto de los grupos humanos-sociales que los
caracterizo; su raza, su idioma, sus religiones, su cultura, su estructura
social. Hoy divididos por concepciones políticas amorfas e ideológicas
anticientíficas que dan vida a partidos políticos derechistas, fascistas.
Por eso la necesidad de los fascistas de desnaturalizar al
opuesto a eso se refiere la dialéctica invertida los «völk» no aceptan los
grupos o sociedades socioculturales que son la esencia de la humanidad, mientras
ellos pretenden someter desde la periferia de su sociedad capitalista enferma.
El nacionalismo moderno nace de la Revolución Francesa, y su encuentro con la
sociedad de masas, al final del siglo XIX, había plantado las bases para el
nacimiento del fascismo después de la ruptura de 1914 (Primera Guerra Mundial).
Así, el fascismo encarnaba el rechazo de un cierto legado
filosófico y cultural de la Ilustración, pero, al mismo tiempo, prolongaba y
radicalizaba otros rasgos constitutivos como la instrumentalización o
manipulación de las masas, los que los fascistas denominaron (la
nacionalización de las masas) o la “privatización de las masas” que sería lo
correcto.
Por qué a diferencia de comunismo revolucionario, las masas son las que hacen la historia, es el soberano en cuál (reside el poder), en el fascismo las “masas” son el aderezo, son las que sustentan al fascismo para que gobiernen las fracciones de la oligarquía. Trump, un autócrata económico un fascista de facto, disfrazado de demócrata, porque sus palabras, sus términos tienden a sonar diferentes, pero es fascismo y entre un régimen de facto autocrático tienen mucha similitud política e ideológica, como cultural.
El general estadounidense John Kelly, en una entrevista
expreso, refiriéndose a Trump “su preocupación de que el expresidente pudiera
cumplir con la definición de fascista”. En el medio de New York Times, Kelly
volvió a repetir su preocupación respecto a Trump “este gobernaría como un
dictador si se lo permitieran”. Frente a esto Trump responde, con sus groserías
habituales, con mucha soberbia, de clase que suele caracterizar a los emperadores.
En la red social Truth Social, Trump responde a Kelly “era un degenerado… que
se inventó una historia motivada por el Síndrome de Trastorno de Odio por
Trump”. Pero el mismo vicepresidente J.D.Vance, nombro a Trump, “el Hitler de
EUA” en un mensaje de texto interno.
Lo interesante de esto es que Kelly utilizo al definir al
fascismo, pensando en Trump en términos muy académico, con un exagerado asentó,
entendiéndose que la frase fascismo es un término amplio en el sentido de la
palabra, pero su significado es claro a la hora de realizar un ataque a un
oponente político. Detallando al fascismo como; “una ideología y un movimiento
político autoritario y ultranacionalista, de extrema derecha.
Caracterizado por un líder dictatorial, una autocracia
centralizada, militarismo, supresión forzosa de la oposición y una creencia en
una jerarquía social natural”. Es lo más cercano que podríamos escuchar de un
general estadunidense, respecto a la definición de fascismo, refiriéndose por
cierto a Trump.
El profesor de historia Federico Finchelstein, de New School
for Social Research, ha caracterizado al fascismo “como una ideología política
que abarcaba el totalitarismo, el terrorismo de Estado, el imperialismo, el
racismo y, en el caso de Alemania… el Holocausto”. En síntesis Trump es un
autócrata económico, un déspota oligárquico de facto, hay que agregar que los
historiadores llevan años analizando si el término fascista es aplicable a
Trump.
En el 2015, en una entrevista con una periodista de VICE, la
profesora de Historia de la Universidad de Cornell Isabel Hull afirmó que Trump
“no tenía suficientes principios como para ser un fascista”, pero esa
demarcación en términos académicos no es precisa. Es más es ambigua por qué
simplemente no es categórica su explicación, más bien lo definido como un
“populista Natívitas”, olvidando que el fascismo no tiene preferencia por
personas, países, sexos, colores políticos, religiones, si eres pobre, rico,
etc., vive en quienes lo impulsan.
Federico Finchelstein escribió un libro entero para explicar
la diferencia entre el fascismo histórico y el populismo contemporáneo. Si bien
comparten muchas características, sostuvo que el fascismo es una forma de
dictadura mientras que el populismo funciona dentro de los límites de la “democracia”,
pero me pregunto, ¿hay democracia en los Estados Unidos? Esto tiene una rotunda
respuesta, No.
Por qué ir a votar cada 4 años, no es sinónimo de
democracia, esa es una carterista de ella, no confundirse. En esto podríamos
estar de acuerdo, pero para Trump, solo es cuestión de tiempo, recordemos que
el tiempo, los periodos históricos, la democracia misma, son relativos, su
defensa está sujeta a los intereses de clase de cada populista. Timothy Snyder,
profesor de Historia y Asuntos Globales en la Universidad de Yale, ha afirmado
repetidamente que “Trump es, de hecho, un fascista”, y recientemente le dijo a
Vanity Fair que los estadounidenses podrían simplemente adaptarse
silenciosamente a la “banalidad” de la tiranía.
Ahora por cuestiones de espacio para no explayarnos tanto en
nuestro análisis, nos colgamos de las opiniones de algunos historiadores, que
para ellos el punto de inflexión clave que marco el paso de Trump al fascismo,
esto podría decirse que fue el 6 de enero de 2021. Cuando Trump incita a sus
partidarios a atacar el Capitolio estadounidense, para evitar que Joe Biden
tomara el poder, por vía del voto (soberanía popular). Si volvemos a unos
párrafos atrás, a la pregunta si, ¿hay democracia en los Estados Unidos?, cuál
es tu respuesta.
En respuesta, Finchelstein escribió un artículo de opinión
en The Washington Post en el que argumentó que “Trump había superado el campo
populista y ahora estaba asumiendo el manto fascista como una amenaza
definitiva para la democracia”.
Es más, es una intimidación clara “en todo el orden consagrado en la constitución estadounidense, y un ataque claro a las instituciones, es decir, la separación de poderes y al mundo”. Estados Unidos creó su propia aristocracia, sus “presidentes” se han convertido en una especie de figura real, con una constitución añeja, podrida, de terratenientes ex esclavistas, con una economía agraria, que representa más a los clanes financieros o las dos fracciones de la oligarquía, que a los ciudadanos anglosajones.
Robert Paxton, profesor emérito de Ciencias Sociales de la Universidad de Columbia en la Universidad Mellon, también cambió de opinión y escribió que “la etiqueta (fascista), ahora parece no solo aceptable, sino necesaria”. Paralelamente, Ruth Ben-Ghiat, profesora de Historia y Estudios Italianos en la Universidad de Nueva York, a pesar de sus estudios connotados, ella tiene una visión por lo menos peculiar del pensamiento político de Trump, dejando de lado los hechos históricos-científicos.
En su ensayo describe que “en algunos sentidos, la etiqueta de fascismo es demasiado reductiva para Trump” porque “elogia a los dictadores comunistas tanto como a los líderes fascistas”, pero “no cabe duda de que Trump ha planteado un nuevo escenario y un nuevo contexto para las ideologías y prácticas fascistas”. En síntesis, para que exista un fascista necesariamente deben tener vasallos.
Trump entendió esto claramente y dirigido su discurso “a hombres blancos de las capas medias”, que tienen miedo a perder su estatus. Trump, un multimillonario representante de la oligarquía, el 1% más rico del país, en sus discursos habló de la “basura blanca”, realzo su malestar social y reivindicó su estilo de vida, tal cual como se ha desarrollado la oligarquía fascista estadounidense por 400 años. Así, surgen vasallos, admiradores, y cómplices, por cierto, un pueblo a quien dividir para someter.
Al usar la frase reductiva lo que busca es amarrar con cadenas, sus objetivos políticos generales con las necesidades individuales de cada sujeto. Uno podría pensar que está incurriendo en reduccionismo político, más cuando se está hablando de un fascista al cual se pretende describir, presentar a un sujeto como Trump, como algo escueto es irse por la tangente para no enfrentar la verdad, apelando a términos de manera muy simple, demasiado simple por parte de Ben-Ghiat, cuando a la vez le doy una categoría especial o peculiar.
Si con esto se pretende mostrar como una cualidad política a lo menos es torpe, es más es una forma de no enfrentar las cosas con claridad recurriendo a metáforas, antihistóricas (que se oponen tenazmente a la historia, que contradice los hechos históricos o pretenden imponer su historia oficial, que niega los principios tradicionales de la historiografía), como anticientífico propias de la escritura distorsionadas, manipuladas, escritas en metáforas, alegorías o ficciones anales. Como ejemplos, la narración oficial de los grupos hegemónicos, la biblia que te llevan o arrastran a entender de forma subjetiva, mecánica, indiscutible un hecho, un suceso o en este caso un comportamiento político, histórico y científico.
Lo trágico cómico, para esta distinguida profesora es que la
dictadura, es dictadura para los pueblos, no importando la mano que sustenta el
garrote o la bota, cuando es una categoría de clase.
Para caracterizar un sistema, en este caso al fascismo
existen categorías políticas, que no es otra cosa que observar a los grupos que le
adhieren y apoyan, las formas de organización, autocrático, cuando definen su enemigo a exterminar,
la clasificación o tipologías que usan para analizar el ámbito político,
basadas en falsos criterios históricos, como la ideología, el fondo y forma de su
gobierno, el ataque al Estado o bien la búsqueda de incesante de reducirlo, la
participación ciudadana como simples adornos de su gobierno de facto.
El elemento de clase que los une o no, la estructura
política de su gobierno, democracia indirecta (oligarquía fascista, muchos
partidos, el gobierno de los ricos para los ricos, es decir, capitalismo
salvaje). El sujeto social e histórico del fascismo son las capas medias bajas,
que una vez que logran permearlas y manipularlas, las dirigen a los opuestos,
siendo usados como el garrote o bota fascista de los cambios, sin mayor
protagónico que la confrontación social de clase.
Por cierto, en la forma de gobierno fascista, hay que
fijarse en los objetivos políticos estratégicos que persiguen, etc., estos siempre son de
clase, la oligarquía fascista versus la clase trabajadora revolucionaria son
elementos claros a la hora de ejercer gobiernos o regímenes fascistas de facto.
Trump ha promulgado políticas fascistas en la medida que las instituciones
estadounidenses van cediendo va adquiriendo una superestructura amorfa que es
una característica esencial del fascismo en todas sus formas, colores y
batallas.
Veamos
El Intentó anular la elección a la presidencia, atacando la
democracia y la soberanía popular, nombro jueces a la Corte Suprema para que
anularan el fallo Roe v. Wade, que consagra los derechos humanos y civiles de
las mujeres. La Corte Suprema de los E.U., en 1973, consagro el derecho a la
privacidad de la Constitución, es decir, se protegía el derecho de una mujer a
abortar antes de que el feto fuera viable, pero el 2022, la Corte Suprema anuló
este fallo. Gracias a las presiones políticas inmorales de Donald Trump, quien
alentó a extremistas-fascistas, antiaborto a que negaran a las mujeres y
parejas el derecho a decidir sobre sus cuerpos y sus vidas.
Invento trincheras procesales adicionales para impedir que
los inmigrantes solicitaran asilo en Estados Unidos, propias de las leyes
raciales fascistas. También amenazó con desplegar al ejército, a las fuerzas
del orden para atacar a los oponentes políticos, impulso la detención ilegal de
emigrantes, sin cargos judiciales, ni en E.U. Ni en su país de origen o en el
caso de El Salvador, donde se construyó una cárcel o campo de concentración,
con dólares de contribuyentes estadounidenses, prisioneros secuestrados desde
E.U.
Quienes son secuestrados a dicha prisión son confinados en
celdas pestilentes y estrechas, son sometidos a tratos inhumanos, a duras
golpizas, y torturas, sin derecho hablar, ni siquiera apoyarse en las rejas,
sin agua (beben agua con la cual se bañan) y alimentos, en resumen es una
prisión política que busca quebrar la voluntad del detenido, ESO ES fascismo. Donde
Bukele entierra a los opositores políticos acusándolos de ser parte de grupos
terroristas. Los inmigrantes venezolanos en E.U., son detenidos por solo hecho
de tener un tatú o tatuaje en el cuerpo, con lo cual los relaciona con grupos
delictuales o “terroristas”.
Trump atacó algunos de los estudios de abogados más grandes
y poderosos de E.U., aparentemente por la única razón de que actúan para
clientes que se han opuesto a su gobierno. Generando molestias del presidente
del Tribunal Supremo, John Glover Roberts Jr., quien le recordó al presidente
que E.U., “no resuelve sus disputas, diciendo que el proceso normal de revisión
de apelaciones existe para ese propósito".
Esto obligó a Tom Homan, principal asesor de Trump, en
materias de inmigración, en cadena de ABC News declarará “que la administración
acataría las resoluciones judiciales sobre el asunto”. Pero a medio año del
2025 esto no se cumple. Trump expulsó del Pentágono a periódicas y
organizaciones de noticias consolidadas, restringió el acceso de la Associated
Press a los actos de prensa y tomó el control del grupo de prensa de la Casa
Blanca.
Al mismo tiempo, canceló 400 millones de dólares en
contratos federales con la universidad de Columbia, esta cedió a la presión
autoritaria de Trump, solo a minutos de que venciera el plazo impuesto por el
gobierno.
Trump tiene amenazado con su Gestapo a todos los poderes del
Estado, Estado reducido mes a mes, al sistema judicial, los medios de
comunicación, las universidades que son pilares de la democracia estadounidenses.
Es un ataque directo a las instituciones por parte de Trump, que busca imponer
un gobierno fascista atacando cualquier contrapeso al poder todopoderoso de su
gobierno. Y lo que es peor como peligroso, el Tribunal Supremo de Estados Unidos,
“dictaminó que Trump, es casi totalmente inmune a ser procesado mientras lo
hace” o lleva adelante sus objetivos políticos fascistas.
Lo más grave que hemos escuchado de Trump, estos días, es
que a la pregunta de una periodista, que si él respetaría la constitución de
E.U., este respondió “que no sabe si respetará la Constitución de Estados
Unidos como presidente”.
De la Editorial

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